Una actividad que tocó fondo:
El triunfo de la selección masculina adulta ante Argentina fue sólo un espejismo
en un deporte que aún no cuenta con una liga profesional y que es última en
Sudamérica.
"La victoria sobre Argentina no es, bajo ningún punto de vista, la realidad del
básquetbol chileno".
Así de tajante es Erik Carrasco, seleccionado chileno y partícipe el jueves en
San Bernardo de un triunfo que no se veía hace medio siglo. Carrasco vive a
diario el otro lado de la moneda. Las carencias marcan la pauta en una
disciplina que hace décadas era la segunda más popular del país.
Hoy, sólo dos torneos semiprofesionales están vigentes: la
Liga Nacional de la Federación de Básquetbol y la Libsur. Ninguna cuenta con
convocatoria digna de aficionados ni brinda espectáculos atractivos como para
tentar a alguna empresa privada.
La Dimayor, hasta hace poco lo más parecido a una liga profesional que había,
vive un cisma que alejó a cuatro clubes: Liceo Mixto, U. de Concepción,
Universidad Católica y Español.
Es tal la pobreza del básquetbol chileno, que en Puente Alto, uno de los líderes
de la Zona Metropolitana, el jugador que más gana es el estadounidense Tim Jones,
quien recibe un viático de $200 mil (muy lejos de los tres mil dólares que
ganaba en 2006). El resto de las remuneraciones fluctúa entre 50 mil y 150 mil
pesos.
En el club Céfiro, también de Puente Alto, ni hablar de sueldos: hay sólo
jugadores formados en casa, y la mayoría de los costos (traslados,
inscripciones, árbitros y mesa de control) los sustenta el municipio.
Dos veces a la semana entrenan en el gimnasio municipal. Los otros días se
conforman con su cancha propia: es de cemento y tiene tablero de madera. "El año
pasado supimos qué era entrenar en parquet. No tenemos sueldo... Para nosotros
sería un sueño tener camisetas de entrenamiento", cuenta el alero Cristián
Vidal, quien estudia kinesiología y además trabaja para mantenerse. "No tenemos
cómo pagarles. Buscamos auspiciador, pero no llega", agrega Elvira Ortiz,
presidenta de Céfiro.
En ese marco, Chile jugará el Sudamericano que se disputará en Neiva, Colombia,
a partir del 26 de julio. La Roja cestera, en esta ocasión, sólo aspira a
superar el último lugar de 2008.
"Quedo conforme con ser competitivos. Ahora somos últimos. Estamos con
deficiencias físicas en todos los aspectos. No hay una liga que nos dé rodaje y
no hay tantos seleccionables que superen los dos metros. Esto no se puede
arreglar de un día para otro", indica Manuel Córdova, técnico del equipo
masculino.
Sin ligas
En el sur, según muchos la cuna del básquetbol en las últimas décadas, la
situación es igual de precaria. El público abandonó los gimnasios.
"Acá las ligas son de un nivel muy bajo y los jugadores no sabemos qué pasará",
dice José Luis Campos, escolta de la Roja.
"La Liga Nacional no tiene un nivel muy competitivo en la fase regular. Se
supone que en la fase final se pondrá más peleado, pero muchos rivales no son de
nivel", agrega Franco Morales, de Boston College.
"La culpa de los rendimientos de las selecciones es nuestra, pero el desarrollo
del básquetbol competitivo y que redunda en buenas selecciones corresponde a la
Dimayor", dispara Miguel Herrera, presidente de la Febachile. "Él no puede
culparnos a nosotros, que mantuvimos vivo este deporte en los últimos 30 años",
responde Luis Cerda, titular de la Dimayor.
En agosto o septiembre habría novedades. Dimayor anuncia un torneo con ocho
equipos y que durará tres meses. La disidencia podría fusionarse con la
Federación, donde no está garantizado que el nivel de los equipos esté a la
altura de los cuatro grandes.
200
Mil pesos gana el estadounidense que juega en Puente Alto. Cuesta conseguir
buenos jugadores por esos salarios.
El extraño caso de las selecciones femeninas
En los últimos años, ha sido la rama femenina la que ha sacado la cara por el
básquetbol chileno.
Las damas están en el puesto 29 del ranking de la FIBA, mientras que los hombres
ni siquiera entran en ese listado. A nivel adulto, las damas han clasificado a
los últimos premundiales y en la categoría Sub 18 fueron cuartas en esa misma
instancia, disputada en Estados Unidos. Los varones, en tanto, sólo destacan con
un bronce en los pasados Juegos Odesur.
"Es una situación muy extraña, porque las mujeres deben terminar de estudiar o
trabajar e ir a entrenar, en cambio los hombres podían dedicarse al
profesionalismo. Aun así, les va mejor a las chicas", indica el técnico de la
selección femenina, Cristián Santander.
"La Libsur y la Liga Nacional son muy superiores a las competencias que juegan
mis jugadoras, pero las mujeres rinden más que los hombres", agrega el
entrenador.
Enzo Garrido
Fuente: Diario El Mercurio